“Infancia es destino”, con esta frase
Sigmund Freud, intentaba expresar que todos en la edad adulta actuamos muchas
veces bajo un condicionamiento adquirido en la etapa infantil. Es tal que hay
quien se empeña toda la vida en hacer las cosas perfectamente para impresionar
al padre, mujeres que aceptan ser golpeadas porque en su hogar las cosas fueron
así. Madres que no son cariñosas pues nunca recibieron cariño y no saben cómo
dárselo a sus hijos, etc.
Echada a la calle a los 14 años por su padre, en medio de la
madrugada, Elsa se refugió en casa de una vecina, a la mañana siguiente llegó a
su casa y le dijo a su madre lo que muchas veces le había repetido ya:
--Mamá, vámonos, vámonos lejos.
--¿Y qué voy a hacer contigo y tus tres hermanos?, le
respondió su madre, temerosa del destino que le depararía el futuro sola allá
por los años 50, ser mujer no era fácil.
--Pero yo me tengo que ir, mi padre me echó tú lo viste,
¿qué hago mamá, me vas a dejar sola?
--Pues ni modos Elsa.
Pero para Elsa había modos y muchos. Con sólo tres vestidos
y un par de zapatos, abordó en su natal Mapastepec el tren mixto que la traería
a Tapachula, aquí fue recibida por un tío suyo que era pastor en la Iglesia
Nazareno Primera, ubicada en ese entonces a un costado de la asegurada.
Comenzó a trabajar como empleada doméstica y se empeñó en
seguir estudiando aunque muchos le preguntaban ¿para qué? Pronto se dio el primer tope su sueño de ser
secretaria quedó por los suelos cuando le dijeron que necesitaba el certificado
de primaria.
Pero como cuando hay voluntad las dificultades ni se notan,
ella acabó estudiando para modista.
La vida pasa rápido cuando se la cuentan a uno y así Elsa,
pasó de ser una jovencita de 14 años en Tapachula sin estudios ni nada, a
empleada de DICONSA, donde trabajó durante 17 años y obtuvo una jugosa
compensación cuando fue liquidada que le permitió adquirir una concesión refresquera.
Allende la vida se divorció dos veces, teniendo tres hijos
conoció por fin a quien sería su pareja por 18 años y que sólo se apartó de su
lado cuando hubo que decidir entre su vida o la asociación que actualmente Elsa
dirige.
Exitosa en el ámbito económico, estable en su vida marital y
con tres hijos, la ambición de esta mujer no quedaba satisfecha, algo la movía:
ayudar a otros, evitar que más niños tuvieran que vivir lo que ella vivió.
--Yo empiezo en Huixtla –narra con orgullo. – En donde había
sido el periódico “El informador”, el presidente municipal en ese entonces,
Carlos Martínez me apoyó y abrí una casa hogar para niños de la calle. Ahí
comencé a escuchar sus historias y con pocos detalles diferentes, casi todos
tenían una vida similar a la mía.
El éxito en la también llamada “ciudad de la Piedra”, le
hizo creer que en Tapachula, por ser una ciudad grande, tendría mayor apoyo.
Así que en el año 2000, Elsa Simón Ortega logra su mayor anhelo: constituirse
en una Asociación Civil para apoyar mujeres.
--Al escuchar las historias de los niños me di cuenta de que
estábamos mal enfocados, era importante rescatarlos, pero más importante era
llegar a la raíz: las madres. Es por eso que la A.C. se enfoca en apoyar a las
mujeres que viven violencia intrafamiliar, que tienen hijos y no saben a dónde
ir. Y el trabajo con las migrantes fue algo de casualidad, se me ocurrió ya
estando ante el notario público pues consideré que por ser frontera, podría ser
de utilidad.
La idea no sólo ha sido de utilidad, actualmente “Superación
de la mujer” A.C. atiende a un 80% de mujeres migrantes y un 20% de apoyo a
mexicanas.
--Yo no tenía idea del asunto de la migración y cuando
comenzamos a recibir gente y apoyarlas, me di cuenta de la magnitud de este
problema.
Mañana seguiremos con la segunda parte de la titánica labor
que desarrolla Elsa Simón Ortega al frente de “Superación de la mujer” A.C.
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